El aire en la sala tiene ese peso seco de las bibliotecas, pero hoy se ve interrumpido por un chirrido metálico, un ritmo irregular que no busca la eficiencia de la fábrica, sino la anarquía del juego. Observo la fotografía de Wolleh: una mujer, tocada con un velo de red que parece una jaula de pájaros, pedalea sobre un amasijo de poleas y correas. Su risa no es de cortesía; es la explosión de quien descubre que, por una vez, la tecnología no le exige productividad, sino puro y vibrante desorden.
Jean Tinguely, de quien hoy rescatamos su huella en el aniversario de su nacimiento, entendió con claridad que nuestra modernidad estaba condenada a la obsolescencia. Sus máquinas, lejos de ser monumentos a la perfección técnica, son depósitos de tiempo que se consumen a sí mismos. Son artilugios que celebran el fallo, el ruido y la imperfección como las únicas pruebas de vida en un mundo que empezaba a ser devorado por el plástico y el consumo en serie.
Desde este oficio como viajero de archivos, estas piezas me conducen a mirar más allá de la estructura. El Cyclograveur de 1961, que vemos en la imagen, ya no puede ser considerado un objeto. Se trata de una crítica material a nuestra dependencia tecnológica. En estos tiempos, donde la automatización parece habernos quitado el control, Tinguely nos devuelve el manillar, pero nos deja sin destino. Pedaleamos para producir nada, o quizás, para producir algo más valioso: un instante de liberación frente a la tiranía de lo útil.
Curar o gestionar un legado como el de Tinguely no se reduce a aceitar engranajes; es entender que su valor reside en la fragilidad de su movimiento. La herencia moderna nos enseña que el rigor no está reñido con el humor, y que a veces, para salvar un objeto de su desaparición, debemos permitirle que nos hable desde su propia e inevitable fragilidad. Al final, somos nosotros quienes, como la mujer de la foto, seguimos buscando en la máquina un reflejo de nuestra propia y ruidosa humanidad.
El Equipaje:
Para sumergirte en la densidad del genial artista suizo, te recomiendo el catálogo de su exposición Jean Tinguely: Retrospectiva, presentada en el IVAM (Institut Valencià d’Art Modern) en 2008. Esta completa publicación, a todo color, ofrece un recorrido por su obra polifacética. No solo incluye sus célebres máquinas escultóricas, sino también sus bocetos, acuarelas, cartas y dibujos. Recuerda: al adquirir estas publicaciones a través del enlace facilitado, contribuyes al sostenimiento de este espacio sin coste adicional para ti.
Imagen de cabecera: Jean Tinguely. Meta-mechanic sculpture, «Le Cyclograveur», 1960. Foto: Lothar Wolleh.

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