A veces, al pensar en moda, nos imaginamos algo exclusivo, lejano, que se muestra en pasarelas inaccesibles. Pero ¿qué pasaría si te dijera que la moda puede ser un reflejo vibrante y rebelde de una época? Eso es exactamente lo que descubrí al visitar la exposición «Tráfico de Modas. 1980-1992. Arrebato, juego, familia» en el Centre Cultural La Nau de Valencia.

Mientras hacía mi recorrido, me vino a la cabeza el verso de The Beach Boys: “I love the colourful clothes she wears”. Una melodía que conecta con una época de espíritu vibrante y experimental. Y es que, si bien esta canción es de finales de los años 60, ese mismo espíritu se puede sentir con fuerza en la década de los 80, cuando el colectivo valenciano Tráfico de Modas surgió como una respuesta clara a las inquietudes de una juventud que quería romper con las normas establecidas.

La muestra, que estará abierta hasta el 12 de octubre de 2025, no solo reivindica la indumentaria como algo museístico, sino que nos invita a explorar cómo la ropa se convirtió en una forma de forjar una identidad en un período de búsqueda cultural en España tras la dictadura.

¿Quiénes eran Tráfico de Modas?

Este colectivo, fundado en los ochenta por los hermanos Errando Mariscal (Pedrín, Santi, Jorge y Ada) y María José Villalonga, no era solo una empresa de confección. Eran una vanguardia que elevó el diseño de moda a una forma de expresión artística. Su propósito iba más allá de vestir: buscaban comunicar ideas y desafiar lo convencional, transformando la ropa en un lenguaje visual. Con el icónico diseñador Javier Mariscal a cargo de los estampados, infundieron en sus colecciones una energía y un carácter único que los distinguió de la moda tradicional.

El equipo de Tráfico de Modas, 1983. Foto: Carlos Errando

En una época en la que la juventud española, tras años de conservadurismo, buscaba nuevas formas de expresarse, Tráfico de Modas se propuso llenar un vacío en el panorama de la moda nacional, con un enfoque de divertirse y buscar un estilo propio y en constante evolución.

Un viaje al pasado a través de sus prendas

Al adentrarme en la exposición, me encontré con una extenso material documental, fotografías, bocetos y algo que me atrajo mucho, la colección de camisetas que presentaron en 1984 en el Salón Gaudí de Barcelona. Los estampados explosivos y coloristas, junto con la actitud irreverente y arrogante de los diseñadores, supusieron un soplo de aire fresco para la época. Un año más tarde, su audacia los llevó a la Pasarela Cibeles de Madrid, donde, en palabras de Pedrín Errando, se rieron “sin ningún complejo de los grandes de la moda, del glamour del diseño, de todo lo establecido”.

Vista de la instalación de «Tráfico de modas. 1980 – 1992. Arrebato, juego, familia» en el Centre Cultural La Nau

Su filosofía se basaba en la calidad del diseño y la confección. A pesar de su espíritu divertido, seleccionaban las mejores telas y fabricaban en España, en un momento crucial para la industria textil del país. Con su tienda en la calle Jorge Juan, en Valencia, y las que luego abrieron en Madrid, Barcelona y Valladolid, demostraron que vestirse podía ser un placer y una expresión de la sensibilidad cultural.

El final de una era y una lección para el presente

Como todo en la vida, el colectivo Tráfico de Modas llegó a su fin, cerrando poco después de cumplir una década. La razón, según Pedrín Errando, fue una crisis profunda provocada por la llegada de la moda rápida (fast fashion), liderada por grandes grupos como Inditex o H&M. Este nuevo modelo de negocio, basado en la producción masiva a bajo costo y el consumo de “usar y tirar”, ahogó el espíritu rebelde y sostenible de muchas propuestas, afectando a la producción nacional.

Vista de la instalación de «Tráfico de modas. 1980 – 1992. Arrebato, juego, familia» en el Centre Cultural La Nau.

La exposición, promovida por el Archivo Valenciano del Diseño, no solo celebra la creatividad de este grupo, sino que nos invita a un diálogo sobre cómo queremos que sea nuestro consumo y cómo podemos apoyar a quienes defienden la calidad y la sostenibilidad.

Hoy, a treinta años de su fin, la historia de Tráfico de Modas me hace reflexionar sobre el presente. En un mundo donde la inmediatez y los precios bajos dominan casi todos los sectores, y los recursos son cada vez más limitados, la exposición nos impulsa a preguntarnos: ¿qué lecciones podemos aprender de aquella época de experimentación y calidad para construir un futuro de la moda verdaderamente sostenible?

Después de sumergirte en la exposición de La Nau, te invito a una reflexión. La próxima vez que vayas de compras, tómate un momento para considerar tus elecciones. Que la audacia de aquellos diseñadores de los 80 te inspire a buscar prendas que no solo te vistan, sino que también expresen tus valores.
¿Qué opinas? ¿Crees que la moda puede ser una forma de compromiso personal? Déjanos tu opinión en los comentarios.

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«Tráfico de modas. 1980-1992. Arrebato, juego, familia». Del 15 mayo al 12 octubre de 2025. Centre Cultural La Nau. Comisariado: Esther González Gea, Pedrín Errando y Mª José Villalonga. Más información: uv.es

Imagen de portada: Fotografía publicitaria para las camisetas Caras, 1985. Foto: Carlos Errando.

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Roland Barthes. Système de la mode. Le Seuil, 2015. 480 páginas (edición en francés).

Gilles Lipovetsky. El imperio de lo efímero: La moda y su destino en las sociedades modernas. Anagrama, 2006. 328 páginas.

Nicola Squicciarino. El vestido habla. Ediciones Cátedra, 2012. 224 páginas.

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