«Antes del arte» y la búsqueda de una esencia creadora

Durante los años sesenta del siglo XX, la juventud española mostraba una insatisfacción generacional similar a la que recorría buena parte del mundo. Al impacto de la Guerra de Vietnam, la Revolución Cubana o el Mayo francés, se sumaban en lo interno las restricciones propias del régimen que gobernaba el país. Tales limitaciones, sin embargo, atravesaban entonces una cierta flexibilización debido a una apertura económica que no estaría exenta de algunas consecuencias en lo cultural.

El contexto

En esa década se reconocen en las artes locales un informalismo que buscaba prolongar las glorias cosechadas en las bienales de Venecia o São Paulo; los intentos por impulsar la abstracción geométrica por parte de grupos como Parpalló (1956-1961) y Equipo 57 (1957-1962); y en el campo del arte representacional, una vertiente del pop impregnada de una crítica social y una cierta carga de rebeldía ante el franquismo.

En un contexto más general, la sociedad española seguía anclada en las tendencias del arte figurativo más convencional. Tal actitud se correspondía con el desinterés oficial hacia las expresiones artísticas más emergentes. Así, carentes de una política de estímulos, los jóvenes artistas no podían subsanar la falta de información sobre lo que ocurría allende las fronteras españolas. Esta situación tendía a empeorar por la ausencia de fondos económicos para llevar adelante la propia obra.

Inicios de Antes del arte

En este panorama, a finales de esta década surgió en Valencia un grupo que intentó dar respuestas a las artes visuales del país. El nombre que escogieron, “Antes del arte”, dejaba entrever los propósitos que perseguían. Organizado y promovido por el crítico Vicente Aguilera Cerni, el colectivo contó con artistas como Joaquín Michavila, Eusebio Sempere, Francisco Sobrino y José María Yturralde, además de músicos como Tomás Marco y Francisco Llácer, entre otros.

Aguilera Cerni, como defensor del enfoque racional del hecho artístico, rechazaba el carácter imitativo, individualista y arbitrario que encontraba en el arte convencional. Haciendo suyas estas premisas, los artistas congregados en “Antes del arte” prescindieron del aparataje que llamaban “la cultura artística” para volver a empezar desde cero. Tal replanteamiento llevaría la experiencia estética a un estadio previo a la “individualización de objetos privilegiados” en que había devenido el arte.

Para acceder a ese estadio, rescataron el antiguo vínculo entre arte y ciencia que les parecía el más pertinente y necesario para el acontecer contemporáneo. El problema, como afirmaban, era que mientras “la ciencia y la técnica volaban en raudos reactores”, el arte iba en diligencia. Para allanar esta brecha, sus integrantes investigaron los postulados de la psicología de la Gestalt, así como las posibilidades estéticas de las matemáticas o las estructuras de la naturaleza.

La exposición en MACA

Los antecedentes, resultados y alcances de esta experiencia pueden verse en una muestra producida por la Universitat de València para conmemorar el cincuenta aniversario del grupo. La selección guarda una estrecha cercanía con el concepto original de Aguilera Cerni, quien coordinó las tres exposiciones que hicieron en Valencia, Madrid y Barcelona. Activo durante dos años, “Antes del arte” realizó una cuarta exposición con otros artistas cuando ya el crítico valenciano no estaba con ellos.

El recorrido de “Antes del arte. Cincuenta años después” está organizado cronológicamente y se desarrolla en tres secciones. En la primera, varios catálogos, recortes de prensa y correspondencia contextualizan las circunstancias que dentro y fuera de España rodearon el surgimiento del grupo. La inclusión de los vídeos de exposiciones como “Le mouvement” (Galerie Denise René, París, 1955) y “The Responsive Eye” (Museum of Modern Art, Nueva York, 1965) deja ver la cercanía de ideas y lenguajes con respecto al cinetismo, el op art y el trabajo que hacían precursores españoles como Eusebio Sempere, Francisco Sobrino o Equipo 57.

Tres momentos en la exposición

Se incluyen en la primera sección obras que anteceden la aparición del grupo. Una de las más tempranas es Relieve luminoso (1960), de Sempere, donde se observan sus intereses en torno a una idea dinámica de la luz. De 1967, es la Formación intensa espacial con que José María Yturralde plantea sutiles juegos perceptivos desde un espacio plástico ambiguo. La ambientación sonora de la sala está a cargo de Tomás Marco y Francisco Llácer, una presencia que deja ver el carácter multidisciplinario del grupo, al que también se sumaron otros músicos como Luis de Pablo.

El segundo capítulo se dedica a obras asimilables a la acción de “Antes del arte”. La Ley de la buena forma (1968) de Sempere, Macla de compenetración de la fluorita (1968) de Jordi Teixidor, la Primera figura imposible de Yturralde, o el Helicoidal de Joaquín Michavila (1968) permiten verificar los postulados del grupo en cuanto las posibilidades estructurales de la naturaleza, así como el replanteamiento estético de ilusiones ópticas como la espiral de Fraser o el triángulo de Penrose.

En la última parte se muestra la actividad que siguieron algunos miembros de “Antes del arte” luego de su disolución. Allí se aprecian la persistencia de aquel programa en las obras de Yturralde o Teixidor, otras vertientes de investigación a cargo de Francisco Sobrino, o una cierta intermitencia de lenguajes en el trabajo de Eduardo Sanz.

Pertinencia de unir arte y ciencia

De manera retrospectiva, estos artistas abrieron una reflexión acerca de la pertinencia del arte como fuente de conocimiento, mediante su vinculación con la ciencia. En esa etapa de “pureza” que “Antes del arte” intentó construir, las referencias cotidianas dieron paso a la libre exploración de otros ámbitos del saber como la cristalografía, la cibernética y la psicología gestáltica. Aquel empeño en concentrarse en los mecanismos ópticos y perceptivos de lo visual demuestra una opción ética que merece ser valorada en los tiempos actuales.

Ese trasfondo ético tendría que ver con la relación que “Antes del arte” estableció con el tiempo social. Antes que actualizar el programa artístico español por medio de una repetición instrumental de lo que se hacía en los centros mundiales del arte, el grupo rompió con la persecución del futuro. Este gesto los salvó del peligro de convertirse en otra moda y de caer en el catálogo de ismos del arte moderno.

Ajenos a los postulados de “un arte de hoy o del mañana”, la búsqueda de una esencia creadora les libró de la necesidad de tener que “inventar algo”. Así, sin esa carga reconocieron que lo que intentaban hacer formaba parte de la misma lógica del que copia un paisaje o hace un retrato. La diferencia estaba en el uso radical de los recursos con que ya contaba el arte para registrar el mundo. Y más aún, en el convencimiento de la necesidad de una integración armónica entre el arte y la ciencia. En esa visión llegó a perfilarse un nuevo horizonte para la humanidad, y ese sería, sin duda el mayor aporte de «Antes del arte».

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